Hay conferencias que uno termina con la satisfacción de haber compartido algo. Y hay otras que te dejan pensando mucho después de haber terminado.
La conferencia “Líderes que dejan huella. La responsabilidad de formar a tu relevo”, que tuve la oportunidad de impartir a mis compañeros bomberos de Hermosillo, fue de esas.
Fue muy especial compartir el foro con bomberos novatos y veteranos, oficiales, comandantes y mandos de la institución, así como compañeros del Sindicato Único de Bomberos de Hermosillo y su Patronato.
Hablamos de algo que para mí es fundamental: en los cuerpos de bomberos nos preocupamos —y debemos hacerlo— por la capacitación técnica, por aprender a apagar incendios, atender emergencias y hacer nuestro trabajo cada vez mejor.
Pero hay algo mucho más difícil de enseñar:
- La vocación de servicio.
- El honor.
- La responsabilidad.
- La disciplina.
- El compromiso de ser bombero.
Eso no siempre está escrito en un manual. Muchas veces se aprende viendo a otros. Y quizás eso sea lo más grande que puede hacer un líder: encender algo en alguien más que continúe creciendo cuando uno ya no esté.
Durante la conferencia hicimos un ejercicio muy sencillo: “Tu sucesión”.
Es increíble ver como hacemos consciencia cuándo nos confrontamos a la realidad de que en caso de algún percance no sabemos quien nos remplazara de forma efectiva lo que nos hace pensar en un futuro inmediato y lo que estamos haciendo por evitar lo que a todo bombero nos llega, el retiro.
No era un examen. Era una pregunta que nos obligaba a mirarnos al espejo. Y creo que ahí estuvo uno de los momentos más importantes de la conferencia. Porque muchas veces pensamos que formar a nuestro relevo será algo que haremos “después”, cuando tengamos tiempo, cuando llegue el momento o cuando alguien nos lo pida. Pero el relevo no se improvisa. Se construye todos los días.
Me quedo con una reflexión que considero fundamental: la gente hace lo que ve que haces, no lo que le dices que haga.
Como líderes, tenemos la responsabilidad de transmitir no solamente lo que aprendimos en los cursos o lo que aparece en los procedimientos. Tenemos que transmitir aquello que no está escrito: lo que aprendimos con los años, con los errores, con las experiencias, con los buenos y malos momentos. Esa parte que solamente nosotros podemos enseñar.
Por eso fue tan gratificante estar frente a mis compañeros bomberos de Hermosillo. Verlos preguntarse si se han convertido en el bombero que querían ser cuando ingresaron, escuchar sus inquietudes y, sobre todo, ver que existe disposición para seguir aprendiendo y para compartir lo aprendido.
Porque al final, el verdadero legado de un bombero no es cuántos incendios apagó, sino cuántos bomberos ayudó a encender.